Octubre es el mes ideal para esta ruta. Las temperaturas se estabilizan entre 17 y 22C en Roma, Florencia, Córdoba y Burdeos, justo el rango en el que un perro puede caminar horas sin jadear, y las multitudes del verano ya se han ido. Viena y Brno se visten de dorado, tanto en sus parques como en sus viñedos, mientras que la prohibición de perros en las playas mediterráneas se levanta el 1 de octubre, así que su perro vuelve a ser bienvenido en la arena de Córdoba y en la costa cercana a Roma.
También es el mes de la vendimia. Burdeos y Moravia (la región vinícola de Brno) viven el tramo final de la cosecha, con bodegas más animadas pero igual de acogedoras, y terrazas pet-friendly perfectas para un almuerzo sin prisas. Las ciudades recuperan su ritmo auténtico, los precios de los hoteles bajan tras el pico estival, y la luz adquiere ese tono dorado y rasante que hace que cada plaza y cada orilla de río luzcan de maravilla con su perro en la foto.