Toronto premia al dueño preparado y castiga la improvisación. Tres cosas deciden si el viaje funciona: los trámites federales que permiten entrar a tu animal en Canadá, una ley ontariana sobre razas más estricta que casi cualquier norma europea, y un clima que va de quince bajo cero en enero a más de treinta muy húmedos en julio. Nada de esto sorprende si lo compruebas antes de reservar, y todo sale caro si lo descubres en la frontera o en la acera. Lee esta sección primero y el resto de la guía se convierte en una escapada urbana sin complicaciones.
La Agencia Canadiense de Inspección de Alimentos exige que todo perro y gato de más de tres meses llegue con un certificado de vacunación antirrábica válido redactado en inglés o francés, emitido y firmado por un veterinario colegiado. El certificado debe indicar el número de microchip del animal, la fecha de vacunación, la fecha de caducidad y la marca de la vacuna utilizada, y un documento al que le falte alguno de esos datos puede ser rechazado por el agente de fronteras. La CFIA reconoce solo una lista corta de países y territorios libres de rabia, así que los viajeros procedentes de Europa continental, Estados Unidos y la mayor parte del mundo necesitan el certificado. Se aplican normas más estrictas a los perros procedentes de países clasificados como de alto riesgo de rabia canina, incluida una edad mínima de siete meses y un microchip ISO de 15 dígitos implantado antes o el mismo día de la vacunación. Consulta el estatus de tu país con la CFIA mucho antes de reservar vuelos.
Ontario es una de las pocas jurisdicciones del mundo desarrollado que todavía aplica legislación por raza, y no es un trámite. Las modificaciones de la Dog Owners' Liability Act prohíben a cualquiera poseer, criar, ceder, importar, hacer pelear o abandonar pit bulls en la provincia. La definición es deliberadamente amplia: pit bull terrier, Staffordshire bull terrier, American Staffordshire terrier, American pit bull terrier, o cualquier perro cuya apariencia y características físicas sean sustancialmente similares a esas razas. La prohibición está vigente desde 2005, no ha sido derogada, y la identificación se hace por apariencia, de modo que un mestizo que simplemente lo parezca puede ser incautado. Si tu perro es de una de esas razas o puede confundirse con ellas, no planifiques un viaje a Toronto, y consulta a un abogado en vez de fiarte de una guía de viaje, esta incluida.
El año torontino tiene dos extremos exigentes. De diciembre a marzo aproximadamente la ciudad sala mucho sus aceras, y esa sal quema las almohadillas y resulta peligrosa si el perro se la lame: botas o bálsamo protector y un enjuague al volver no son opcionales en una visita de enero. Julio y agosto plantean el problema contrario: la humedad procedente del lago Ontario empuja la sensación térmica muy por encima de treinta grados, así que pasea temprano o tarde y quédate en los senderos sombreados de los barrancos a mediodía. Hay coyotes en toda la red de barrancos y la Ciudad recomienda llevar al perro con correa en todos los espacios públicos fuera de las áreas sin correa, evitar los barrancos en primavera cuando hay crías, y no dejar nunca a un perro pequeño o un gato sin vigilancia en el exterior.
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