Pafos es un destino gratificante todo el año con un perro, gracias a sus inviernos suaves y a un largo paseo costero. Lo principal que hay que dominar es el calor. Gestiona con cuidado los paseos, el agua y las normas de playa y la ciudad resulta muy acogedora para los perros.
Los perros deben ir con correa en los espacios públicos y los excrementos deben recogerse. Las normas sanitarias chipriotas prohíben los perros en las playas no designadas, con multas en el acto de unos 85 euros; la playa para perros oficial más cercana es Acheleia, junto al aeropuerto. Los perros no pueden entrar en los monumentos de las Tumbas de los Reyes, aunque los perros con correa están bien en las zonas abiertas del entorno.
De junio a septiembre las máximas diurnas rondan los 30–32°C y el suelo sigue ardiendo mucho después del atardecer. Pasea solo al amanecer y de noche, comprueba primero con la mano la piedra de las aceras y del paseo, lleva agua a todas partes y nunca dejes a un perro en un coche aparcado. El golpe de calor es la urgencia veterinaria número uno del verano en Pafos.
La primavera (marzo–mayo) y el otoño (octubre–noviembre) son ideales, con temperaturas cálidas pero llevaderas y agradables brisas marinas. El invierno es suave y tranquilo, perfecto para largos paseos por el paseo marítimo. Es mejor evitar el pleno verano (julio–agosto) con perros activos, o limitarlo estrictamente a salidas al amanecer y por la tarde.
Recorre el paseo costero de Pafos al atardecer desde el puerto y el castillo medieval, con el mar a un lado y las Tumbas de los Reyes delante, y termina con una cena de meze en una terraza pet-friendly del casco antiguo o del puerto. Es la ciudad en su mejor versión para los perros: llana, ventilada y con sombra por la tarde.
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