Un Stübli centenario escondido tras la puerta medieval de Saint Alban, con salas revestidas de madera, estufas de azulejo pintado a mano y una pequeña terraza arbolada. La cocina es honesta, suiza-francesa: rösti, filetes de perca, platos del mercado de la semana. Los perros se acomodan sobre el viejo parqué junto a la mesa, y los habituales son sobre todo vecinos del barrio que llegan andando por el paseo del Rin. Conviene reservar los fines de semana.
💡 Siéntate en la sala del fondo, junto a la estufa de azulejo, en invierno: es el rincón más cálido y a los perros les encanta






